viernes, 16 de marzo de 2012

Por St. Patricks que no sea!


¡La semana de los horrores no parece acabar nunca! y cuando piensas que ya está… ¡Zas! ¡Algo más sucede!

Sí, llamarme quejica, pero alguien me puede decir si alguna vez se ha quemado los dedos hasta el punto de tener una enorme ampolla por coger un plato caliente. Lo mejor de todo es que sólo quemaba por donde he agarrado yo, porque por el otro lado, según mi jefe, estaba frío. Todo esto te lo dice, claro está, con cara de créetelo,¿ e? ¡Créetelo!

Bueno, pues como con una gasa con la crema antiquemaduras no te dejan trabajar, me han enviado a casa. Sólo le ha faltado ponerme el sello en la frente y una estampa de urgente. Eso si, mañana, ¡cómo no!, trabajo, porque es St. Patricks, y todo aquel afortunado en trabajar en el sector hostelero no le queda más remedio que pringar mañana y servir alcohol a diestro y siniestro, porque como es un país que no huele la cerveza en todo el año, mañana hacen una excepción, rinden un homenaje a la rubia y a la morena y a la tostada ¡y a lo que haga falta! y se dedican a beber tímidamente.

Oye, que yo no me quejo en absoluto,¿e? No me malinterpretéis, yo me acogeré a sus costumbres como buena inmigrante que se quiere integrar en su sociedad.
Minuto uno que cierre la puerta de la cafetería, me encajare mi sombrero verde y mi pinta de Guinness y olvidaros de los desayunos hasta el lunes, que a mí no me va a parar ni el Leprechaun que tenemos viviendo en el tejado de mi casa.
Leprechaun o ratas, porque viene un ruido muy extraño de la azotea, pero prefiero pensar que es un Leprechaun, ya sabes, para gustos los colores.

De cualquier manera, y a lo que venía diciendo: ¡Feliz día de San Patricio!

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