jueves, 22 de marzo de 2012

Si el tiempo fuese tan predecible, otro gallo cantaría

No sé si es porque soy española, más aún vasca y todavía peor, donostiarra, pero cómo es posible que la gente coma todos los santísimos días lo mismo sin asquearse? Cómo no es posible que no se les haya quedado cara de huevo revuelto o escalfado? Aunque los estómagos si que los puedes clasificar entre pancakes, irish breakfast o paninis, y es que cómo se puede pedir todos los días lo mismo para desayunar o comer? En serio, es mucho riesgo el que hay que tomar?

Puedo deciros qué es lo que come y bebe cada uno de los clientes de mi cafetería sin fallar en lo más mínimo. Y lo más gracioso es que aún se sorprenden de la gran memoria que tengo! Pero hijo mío de mi vida, desde agosto que empecé a trabajar en esa cafetería, has estado viniendo todos los días, más o menos a la misma hora y por qué no decirlo, con la misma ropa (casos de higiene para otro apartado), y te crees que no me voy a acordar de lo que comes? Si hasta una antxoa podría decirte que eres más aburrido que las clases de latín con cierto profesor, al que pobre, no le hice ni caso en dos años de colegio.

Al menos, se salva el que cuando le digo lo que va a comer, se sonroja y dice, es verdad, soy muy previsible. Claaaro, ese es el primer paso para la recuperación, reconocerlo. Muy bien, siguiente paso es: pídeme el menú y dame una alegría abriéndote a las variadas posibilidades que te ofrecemos, de acuerdo?

viernes, 16 de marzo de 2012

Por St. Patricks que no sea!


¡La semana de los horrores no parece acabar nunca! y cuando piensas que ya está… ¡Zas! ¡Algo más sucede!

Sí, llamarme quejica, pero alguien me puede decir si alguna vez se ha quemado los dedos hasta el punto de tener una enorme ampolla por coger un plato caliente. Lo mejor de todo es que sólo quemaba por donde he agarrado yo, porque por el otro lado, según mi jefe, estaba frío. Todo esto te lo dice, claro está, con cara de créetelo,¿ e? ¡Créetelo!

Bueno, pues como con una gasa con la crema antiquemaduras no te dejan trabajar, me han enviado a casa. Sólo le ha faltado ponerme el sello en la frente y una estampa de urgente. Eso si, mañana, ¡cómo no!, trabajo, porque es St. Patricks, y todo aquel afortunado en trabajar en el sector hostelero no le queda más remedio que pringar mañana y servir alcohol a diestro y siniestro, porque como es un país que no huele la cerveza en todo el año, mañana hacen una excepción, rinden un homenaje a la rubia y a la morena y a la tostada ¡y a lo que haga falta! y se dedican a beber tímidamente.

Oye, que yo no me quejo en absoluto,¿e? No me malinterpretéis, yo me acogeré a sus costumbres como buena inmigrante que se quiere integrar en su sociedad.
Minuto uno que cierre la puerta de la cafetería, me encajare mi sombrero verde y mi pinta de Guinness y olvidaros de los desayunos hasta el lunes, que a mí no me va a parar ni el Leprechaun que tenemos viviendo en el tejado de mi casa.
Leprechaun o ratas, porque viene un ruido muy extraño de la azotea, pero prefiero pensar que es un Leprechaun, ya sabes, para gustos los colores.

De cualquier manera, y a lo que venía diciendo: ¡Feliz día de San Patricio!