sábado, 10 de julio de 2010

Turismo y jauja, una buena combinación



-En su declaración ha nombrado a un tal Charly Burke.
-Sí. Era un vagabundo, un sintecho como nosotros.
-Estuvimos con él cuando sonaron las bombas.
-¿Por qué le recuerda tan bien?
-Porque pensé que si no salía pronto de Londres acabaría como él.

Casi podía meterme en el papel de Daniel Day Lewis cuando fui este martes a ver la cárcel de Dublín, llamada Kilmainham Gaol. Siniestra, fría, sucia, deprimente, con 100.000 historias en cada rincón y que ha pasado a ser la frivolidad de un museo para todo aquel turista que seguramente lo poco que sabe de ella es que se rodó la película dirigida por Jim Sheridan o como mucho, una de las escenas de “The Italian Job”.
Tras pagar 6 euros por no tener el carné de estudiante, nos adentramos en uno de los edificios más emblemáticos de la capital irlandesa, acompañados por una guía que, cual puzzle de 1000 piezas, íbamos reconstruyendo lo que decía. Suerte que cuando alguien no entendía algo, otro lo complementaba.
Algunos de nosotros, en los que me incluyo, nos perdimos haciéndonos fotos, y cuando quisimos recuperar nuestro grupo, ya no sabíamos por dónde tirar. Lo paradójico fue que nos encontramos con una cuadrilla enorme de estudiantes españoles, no más de 15 años, con su propio guía, quién nos tuvo que decir por dónde seguir. Y del que no se me olvidará la cara porque nos miró como diciendo….los niños parecéis vosotros. Seguramente tenía razón.

Al día siguiente me esperaba el partido España- Alemania en uno de los pubs más conocidos y en el que nos debimos dar cita todos los españoles que hemos venido a aprender inglés, o en su defecto, a estar de jota. El 70% seguro que se queda con la segunda opción, pero esa es otra historia…
Casi sin voz y con la cara pintada volvimos a casa para descansar porque en menos de 24 horas nos esperaba nuestra primera living-party unida a un cumpleaños.

Fiesta épica. Comenzamos siendo unas 15 personas con sangría y tortillas de patata incluidas. Al cabo de unas dos horas, llegaron una docena de desconocidos. Cuando me quise dar cuenta, estaba en una esquina del salón buscando al resto de mis amig@s, quienes, por lo visto también se habían visto arrinconados. Y es que entre brasileños, italianos y una coreana que contaba como todos sus compatriotas de Corea del Sur, nos habían invadido la casa. El señor X lo definió perfectamente. Sus palabras textuales fueron:” Ahora sé cómo se sintieron los polacos al ser invadidos por los alemanes.”
Daba igual qué música pusieses (dar rienda suelta a vuestra imaginación… Paquito el chocolatero, el tractor amarillo, David Civera y cia. ) que ellos bailaban cual monos en celo. La coreana, por ejemplo, con el metro y medio que era, ¡no la perdías de vista en toda la noche! Y es que se pasó toda la fiesta dando botes por la sala….
Se me olvidaba, también había un holandés, pero el pobre estaba bastante calladito, porque cada vez que abría la boca alguien le soltaba algo del Mundial..jeje!
Y lo que tendrán que escuchar mañana, que se preparen, porque Dublín va a arder.
Oeeeee!! Oe!Oe!Oeeeee!!!

sábado, 3 de julio de 2010

¿Feijoada ilegal?




Hace una semana quedamos algunos amigos de clase para ir a un restaurante y comer Feijoada. Es el plato típico brasileño, como muy de dieta mediterránea, ¿sabéis? Es para ir sin desayunar y sin tener intención de cenar porque consiste en frijoles negros, carne de cerdo en salazón, arroz y farofa ( que es harina de mandioca). Todo eso bebiendo guaraná, que para mí es como beberse un mango muy maduro pero con burbujas.

Vale, el domingo pasado nos juntamos todos para tal evento, pero acabamos comiendo una hamburguesa que de brasileña no tenía nada porque nos habíamos equivocado de día, o más bien de hora. Como prefiera cada uno. Porque la feijoada la hacían o el sábado al mediodía o el domingo de cena. Que digo yo… hay que ser valiente para comerse ese plato para cenar. Así que no quisimos desistir y propusimos que hoy fuese el día D.

Hemos quedado todos en la catedral de San Patrick porque no sabíamos dónde quedaba el restaurante. Una vez los 6 reunidos nos hemos puesto en camino. Yo creo que los demás no se han animado a venir porque no confiaban mucho en que hubiese feijoada y no les apetecía comer hoy otra hamburguesa…
Cinco minutos más tarde me dice un amigo: mira, ahí es. Yo estiraba, giraba, alargaba, daba pirueta y media a mi cuello pero no veía ningún restaurante cerca, ni nada que se le aproximase. Hasta que me he animado a preguntarle y le he dicho: perdona, pero ¿cuál es el restaurante? No, si no es un restaurante, es un piso. Ahhhh, un piso…¿de un amigo tuyo? No, un piso de un brasileño. Ahhh, ¿pero no le conoces? No, pero cocina comida brasileña todos los sábados como en un restaurante. Ahhh, ¿pero esto es ilegal? No, bueno, no creo. Este sitio es muy conocido (por brasileños)
Así que no he querido continuar con asuntos legales y he subido al piso. Era un salón con unas cuantas mesas y diferentes personas sentadas desconocidas entre sí, excepto su idioma, el portugués. Hemos llegado nosotros y se ha vuelto un poco más multicultural… dos coreanas, un mexicano, una española, una moldava y bueno, un brasileño más.
Imitando al resto, hemos cogido nuestro plato y nos hemos servido la feijoada. La verdad, está buena. Así que ya puedo decir que he comido un plato brasileño y además, en toda su esencia.

Ayer mismo vi el partido de Brasil- Holanda con un grupo de brasileños y fue toda una experiencia. Es que una de mis compañeras del pub es brasileña y me dijo que fuese con ella y sus amig@s a ver el partido.
Entre los insultos que aprendí y los sentimientos que emanaban de algunos fanáticos no me atrevía a moverme de mi silla. Como ejemplo, cuando expulsaron a Felipe Melo por el pisotón a Robben, uno de los allí presentes, que hasta entonces ni me había dado cuenta de su presencia, se puso en pie, con el puño cerrado se golpeó reiteradas veces el pecho y aulló al televisor toda una retahíla de improperios dignos de apuntar para soltar en los momentos más desquiciantes. Hasta que, exhausto del esfuerzo, digo yo, se derrumbó en su asiento y comenzó a llorar como si se le hubiese desatado el ombligo.

Y de Brasil, mañana me voy un poco más al norte, porque resulta que tengo una barbacoa americana, como os dije, para celebrar el 4 de julio.
Pero no os penséis que estoy todo el día de jauja,¿e? Que a las noches trabajo y entre semana voy a la academia, a ver si os vais a creer que sigo siendo la misma parrandera de siempre… ; P